Cortinas de humo

Las mujeres que fuman
son como pequeños cuadros borrosos,
como esas estancias
donde la muerte se tumba.

Tú fumas a mi lado
y yo bebo el humo
cual si fuese una cicuta bendecida.Featured image

De background jazz,
relámpagos en la noche.

Las mujeres que fuman
son un anticipo
de caricias lerdas,
roces que en el sueño
adquieren otra esencia.

Tú fumas, y el humo
levanta inquietas cortinas
entre mi silencio y el tuyo.

Juegos de infancia. La poesía de Osmel Almaguer y la deconstrucción del poeta

¿Qué es la infancia? ¿Cuánto puede acaparar en el devenir de los hombres? ¿Ese lapso en el que todo y nada se percibe puede ciertamente definirlos? ¿Es realmente un paraíso del que se está expatriado para siempre?

Estas preguntas me asaltaron cuando terminé la lectura de La Pendiente (Ediciones Ávila, 2014), de Osmel Almaguer (La Habana, 1979); poemario ganador de la XVII edición del Premio Poesía de Primavera, y que apenas comienza a circular por las librerías del país.

Resulta extremadamente difícil que un escritor no pose su mirada sobre ese intervalo medular que resulta ser la infancia. Y muchos de estos concuerdan con que de ahí parten todos los misterios que finalmente conllevan a dedicarse a la escritura. No obstante me despierta la atención que Osmel Almaguer debute en las letras con un libro donde la niñez es protagonista, donde es todo y es parte, unidad y partícula. Seguir leyendo

¿Para quién se escribe?

Desconfío de aquellas personas que dicen escribir para sí mismas. O sea que descreo de su sinceridad, o, en el mejor de los casos, pienso que no saben de qué están hablando; pues resulta que estas personas son las mismas que publican un libro, leen en público, o viven chachareando constantemente de su creación y su percepción de la escritura. Jamás me he encontrado a alguien que me diga “escribo para mí y no quiero publicar ni mostrarle mis escritos a nadie, apenas sé para qué hablo de esto porque mi escritura no existe”. Esto me resultaría más verosímil.

Creo que nadie escribe para sí. Ni la muchacha ingenua que lleva un diario acerca de sus pasiones, ni el señor meditabundo que escribe poemas y luego los guarda bajo siete llaves. Sé que ambos esperan por la imprudencia de los otros. Escribir es testimoniar. Ese era el afán del hombre primitivo que pintaba bisontes en las cavernas, y sigue siendo el de todo aquel que se lleva un lápiz a la mano: alguien mañana sabrá lo que yo pienso, hice y deseo hoy.

Se escribe por petulancia, por vanidad. El escritor cree tener algo que decir. Se reconoce diferente. Se sabe portador de un mensaje. Lleva un fuego interno que necesita mostrar. Para ello domestica el lenguaje, lo hace suyo, transformable, dúctil. Seguir leyendo

El aeronauta amarillo

Lectura ardua y detenida exigen al lector los poemas que Herbert Toranzo (Ciego de Ávila, 1972) nos ha dispuesto en su más reciente poemario El aeroplano amarillo (Ediciones Capiro, 2013). Si bien este cuaderno nos aparece presentado bajo el rótulo de décima, el lector constatará, apenas iniciada la lectura, las variadas experimentaciones métricas empleadas por Herbert en pos de un ritmo y una musicalidad muy distantes a los que se pueden apreciar en la décima común.

Son muy variados los referentes a los que remite este cuaderno: literarios: Apollinaire, Oscar Wilde, Allen Ginsberg; históricos: Napoleón, Confucio, Martin Luther King; musicales: The Who, Bob Dylan, Janis Joplin; lo cual provoca que la lectura resulte un diálogo de interacciones y coqueterías para unos, y un despliegue de sabidurías y aprendizajes para otros menos relacionados con dichos referentes. Seguir leyendo

Jamila Medina: una mano que escribe, un ojo que recela

Los poemas reunidos en Anémona (Ediciones Sed de Belleza, 2013) de Jamila Medina (Holguín, 1981), resultan sumamente inquietantes por el juego verbal que establecen con referentes poco comunes (al menos así le parecen a este modesto reseñista); y además desconcertantes, debido esto último al juego semántico que realiza la autora utilizando el paréntesis y el slash para construir palabras múltiples que tornan el poema ambiguo o difícilmente descifrable. Y he aquí una de las características notorias de este libro: su leve hermeticidad, la pequeña cerrazón que provoca al lector con más intención que suspicacia.

Desde el poema prólogo «Fur(n)ia», el lector queda advertido de la conciencia femenina que late en estos versos, mujer agujereada, y a la vez mujer brazo, duro, de la ley; mujer que se desdobla en planta, en animal, en tierra, que busca su complementación en otras vidas, en otras geografías. Seguir leyendo

Apología de la lectura

Leer es un acto de soledad. El lector está solo. Está solo y busca la compañía de las palabras, de los personajes y las ideas que gravitan en su entorno. Leer es buscar un sitio predilecto, es sentirse a gusto. Muchas veces he sentido a través de un libro tanta o más vida que la que me puede regalar una calle, un tren repleto de viajantes, una cama haciéndose añicos.

Pero, a mi entender, la lectura se complementa en los demás. La percepción ajena siempre despierta y enriquece la propia. Compartir una lectura refuerza mi voluntad. Tal vez tenga que ver con mi espíritu parloteador y presuntuoso, con mis ganas de dar. Por eso sigo prestando mis libros, aun a riesgo de quedarme sin ellos.

Leer es difícil y casi siempre se lee mal. Leer lleva entrenamiento. A veces la mente solo se detiene en aquellas circunstancias en las que la anécdota resulta muy personal, o es cercana por experiencia. A veces no estamos aptos para leer y no obstante nos empecinamos en devorar esas últimas 50 páginas que nos separan del presunto desenlace. A veces vale dejar el libro a un lado. Seguir leyendo