Jorge Drexler y la experiencia de lo tierno

Hay un instante en el que se tienen 25 años, se ha publicado un libro de poemas, y para colmo uno se cree Rainer María Rilke. También a mis 25 tenía bien claro qué libros me quedaban por leer y estaba consciente de haber escuchado toda la música que valía la pena. Tener 25 años es algo extremadamente complicado.

—¿Has escuchado a Jorge Drexler?—, me preguntó alguien por ese tiempo en el patio de la UNEAC.

¿Jorge Drexler? Apenas sabía quién era. Ese alguien, esa hermosa muchacha, no abrió la boca para demostrar asombro, ella sabía que la ignorancia es inherente a los hombres, y que el desconocimiento es lo único que realmente los define. Le di mi memoria de 4 GB y me quedé a la espera de ese músico supuestamente genial.

Cuando me vi con siete discos de Jorge Drexler en las manos apenas sabía cuál debía escuchar primero. Creo que mi intuición es buena. Comencé por 12 segundos de oscuridad, y quedé noqueado por el sonido de «Transoceánica» y embobecido por el juego esdrújulo de esa canción. «Wuao, realmente es bueno». El disco en su totalidad es un derroche de dolor, un disco herido y moribundo; pero repleto de ese encantamiento que tiene el sufrimiento que se convierte en arte.

Cuando mi hijo nació un domingo de octubre de 2006 si algo nuevo sentí (además de la infinita extrañeza y la alegría), algo inquietante, fue la fuerza con la que esa criatura (de la cual unos meses antes no había ni sombra ni idea de existencia) llegó para colocarse delante de todas las personas a las que yo amaba. Algo semejante solo lo he experimentado con la llegada de Drexler a mi mundo sonoro, a mi desandar entre melodías y letras. Si antes yo tenía bien conformado mi altar musical, con Serrat a la cabeza y Sabina, Silvio, Pablo, Fito, Aute, Pedro Guerra, Santi Feliú y Varela como santos de privilegio, Drexler llegó para removerlo y trasponerlo todo. Confieso que hubo un instante en el que traté de hacerle resistencia, en el que me pregunté cómo es posible.

Cuando procesé el compilatorio La edad del cielo y posteriormente Eco, comprendí que había estado viviendo sin algo esencial.

Por mucho tiempo decidFeatured imageí no salir de estos discos, tenía miedo de que los demás no me parecieran tan buenos; tanto me gustaban estos tres que no me atrevía a oír uno más. Cuando al fin me aventuré lo hice con Amar la trama, disco que me sorprendió tanto como los anteriores. Amar la trama es puro viento, un disco sumamente degustable, donde una canción como «Noctiluca», revela la extrema sensibilidad de Jorge Drexler; un trovador que es un poeta muy peculiar, sus canciones son cantos a lo breve, a lo pequeño, a lo que todos vemos a diario y a diario vamos obviando. Cuando escucho su música la palabra ternura me asalta, me ayuda a definir el goce que experimento.

El concierto que Drexler ofreció la noche del 3 de octubre en el Teatro Nacional fue algo estupendo. Cuando tomé el ómnibus para ir desde Ciego de Ávila a La Habana, sentí que ese era un viaje de amor; que lo que me estaba empujando a dos noches durmiendo en terminales, y a vagar todo un día por la capital como un zombi, era amor.

Poco antes de que el concierto comenzara me encontré a aquella muchacha que tres años antes me había regalado su música. Fui rápido hasta su asiento, la saludé y le dije:

—Tú tienes toda la culpa de que yo esté aquí.

Ella me miró extrañada. Parecía no entender. Luego sonrió, comprendiendo.

Pues el concierto, con el cual estaba soñando desde marzo, fue más de lo que pude imaginar. Cuando Drexler hizo presencia en el escenario acompañado solamente de su guitarra y arrancó a cantar «Eco», comencé a vivir una experiencia de la que aún no tengo dimensión plena.

Por mi cuenta fueron 24 canciones, de las cuales 20 yo conocía al dedillo; hubo otras 20 que no cantó, entre ellas «Noctiluca», «Salvapantallas», «Antes», «Todo se transforma», «Río abajo», lo cual me hace saber de los conciertos de Drexler que me quedan por disfrutar. Y del café que un día nos tomaremos en Madrid, mientras le cuento que él tiene la edad de mi madre, y de paso le echo toda la culpa.

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4 comentarios en “Jorge Drexler y la experiencia de lo tierno

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