Svetlana Aleksiévich y las bromas de la Academia Sueca

Los principales medios de prensa se vieron obligados a consultar Wikipedia para luego desayunarse completa la noticia.

No me quedan dudas de que el Premio Nobel (de Literatura) que se hiciera oficial ayer, y que fue a parar a las manos de la bielorrusa Svetlana Aleksiévich,   responde a razones que transgreden lo literario. No es casual que el marco político que viven los países exsoviéticos resulte cada vez más inquietante.

Hace un rato muy pocos tenían idea de quién era esta mujer de 67 años a la que apenas se le ha traducido un libro al español (Voces de Chernóbil) de su, no basta, producción literaria; y que ahora es llamada al centro de atención por sus ¿novelas? ¿testimonios? que hurgan en la llaga del pasado socialista.

En esa Europa Oriental cada vez más conflictiva, en esa frontera rusa que apenas se mantiene quieta, centrar la atención sobre los libros de esta señora que en los años 80 fuera acusada de pacifista, parece un ardid sosegador, calmador de temperaturas.

«Una periodista» rezan algunos chovinistas del oficio que no acaban de entender que este premio lo ha ganado una escritora; ah, que además sea periodista es otra cosa. El periodismo tiene pocos puentes de unión con la literatura.

Pero no quiero tildar a SvetlFeatured imageana (la cual tal vez sea una magnífica escritora), sino a la Academia Sueca que insiste en dejar morir a esos escritores que, a mi entender merecieron y merecen ese premio, si es que realmente es un reconocimiento literario.

De momento el olvido que más me incomoda es el relacionado con Carlos Fuentes que de seguro se fue al cajón con la inconformidad de apenas haber sido candidato en alguna que otra quiniela.

¡Pero bueno!, ¿qué se puede esperar de un premio que en su génesis le fue otorgado a un tal Sully Prudhomme, mientras en la lista de candidatos figuraban los nombres de Emile Zola y León Tolstoi; quienes, para colmo, tuvieron que vivir unos años más para ver como la Academia Sueca los obviaba?

Si le echamos un vistazo a la lista del Nobel, encontraremos decenas de escritores a los cuales solo se les recuerda, a veces, por el simple hecho de haber merecido este lauro. No obstante a los que hoy quisiera enumerar es a esos que no están y que bien pudieron figurar en la lista. Mencionaré a unos pocos, a Marcel Proust, a James Joyce, a Franz Kafka, a Borges, ¡por Dios, Borges!, casi nada, ¿verdad? Y también queda Virginia Woolf, Cortázar, Nabokov.

Por ahora, mientras son privilegiados los hueros nombres de Gao Xingjiang Herta Müller o J. M. G. Le Clézio, yo espero que los de Philip Roth, Milan Kundera, y Joyce Carol Oates, corran algún día mejor suerte. O ya mejor que ni les entreguen el susodicho, para que así hagan más valedera la lista de los no-Nobel que la de los Nobel.

Yo, mientras tanto, vuelvo a leer la noticia que da a conocer el premio (le echo un vistazo a la página de Svetlana en Wikipedia, repaso la lista de candidatos), y me la tomo, momentáneamente, como un chiste, y no me río.

Anuncios

Responder

Introduce tus datos o haz clic en un icono para iniciar sesión:

Logo de WordPress.com

Estás comentando usando tu cuenta de WordPress.com. Cerrar sesión / Cambiar )

Imagen de Twitter

Estás comentando usando tu cuenta de Twitter. Cerrar sesión / Cambiar )

Foto de Facebook

Estás comentando usando tu cuenta de Facebook. Cerrar sesión / Cambiar )

Google+ photo

Estás comentando usando tu cuenta de Google+. Cerrar sesión / Cambiar )

Conectando a %s