Para salvarte

Ah, hijo mío, que paces en tu sueño.
Que gravitas en mi miedo
voraz y aniquilante.
Yo no importo más que la loza donde
se hunden tus pisadas.
Tus manos asiendo lo irreal.

Ah, hijo mío, que ignoras 
lo que siempre se ha de ignorar.
La dimensión del miedo
con que te veo crecer.
De la sangre en mis venas
aguardando el justo momento
en que tus ojos no comprendan.

Ah, hijo mío, que juegas a ser niño.
El filo de los días
se desprende de mi corazón
para asir el tuyo.

Ah, mi angustia no será suficiente
para salvarte.
Mi odio no será suficiente
para impedir que odies.

Premonición

Recorro estas calles
con la inercia muerta de los días.
Transeúnte en la turba inquieta.
Descifrador de enigmas
entre autos nerviosos.

Volátil semejanza de estas pisadas Featured image
que hieren lo intangible. 
De este balancearse entre las aceras
como un gato ebrio y sucio.

Traslado este cuerpo
cual baúl repleto de dolor.
Sombra de vacío.

Temporal que acecha en las madrugadas.
Insaciables besos de la pesadez.
Suspiros que inquieren en la distancia
como luces del deseo acallado.

Transito estas horas laberínticas
con el presentimiento
de asistir a un trágico final.

El arte de morir de la poesía

Nadie espera tanto como el que no tiene esperanza. 
Javier Marías

Fue al poeta y maestro Roberto Manzano a quien le escuche decir una vez que el poeta es el único individuo que sabe que tiene la apuesta perdida de antemano y, no obstante a ello, lanza los dados. Me resulta evidente que con esas palabras Manzano dejaba expuesto el espíritu de la poesía. Digo la poesía por sí sola, ese algo que viene y va, anda y desanda, sin que nadie pueda encasillarlo ni ponerle nombre o desentrañarle razón.

—¿Qué puede esperar un poeta de la poesía? —Seguía disertando el maestro— ¿Reconocimiento? Son muy pocos los que conocen a los poetas. ¿Dinero? Es ínfimo todo el dinero que pueda dar la tal llamada poesía. ¿Inmortalidad? Menos; todo poeta sabe, incluso más que los científicos, que el mundo es finito y que, por mucho que perviva, el verso algún día tendrá que toparse con su final.

No obstante el poeta, pese a todo, escribe; el genuino, el cabal (al que todos creen loco), el que ya perdió toda esperanza y por ello espera más que ninguno. Seguir leyendo