Para salvarte

Ah, hijo mío, que paces en tu sueño.
Que gravitas en mi miedo
voraz y aniquilante.
Yo no importo más que la loza donde
se hunden tus pisadas.
Tus manos asiendo lo irreal.

Ah, hijo mío, que ignoras 
lo que siempre se ha de ignorar.
La dimensión del miedo
con que te veo crecer.
De la sangre en mis venas
aguardando el justo momento
en que tus ojos no comprendan.

Ah, hijo mío, que juegas a ser niño.
El filo de los días
se desprende de mi corazón
para asir el tuyo.

Ah, mi angustia no será suficiente
para salvarte.
Mi odio no será suficiente
para impedir que odies.

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