Eliécer Almaguer, un poeta excitado por la muerte

Leer los poemas de un amigo es un ejercicio riesgoso; y te das cuenta de ello cuando comienzas a ojear y hojear las primeras páginas del libro. Entonces te recorre el miedo a que esos versos no te gusten, a que te parezcan fatales o ridículos; y ya ves aproximarse el momento de mentirle, de adularlo injustamente, o de decirle una verdad aplastante, porque, seamos sinceros, ningún poeta se toma a bien que alguien le diga, no que sus poemas son malos, sino que, sencillamente, no te gustan. Pero que agradable resulta tomar el libro del amigo (y me refiero a La flauta del solitario, del entrañable Eliécer Almaguer) y descubrir, no que sus poemas son buenos, sino que te parecen geniales.

Algo parecido me ocurrió al acercarme a este poemario que fuera publicado por Ediciones Holguín en 2013, y que lleva en su cubierta el rótulo del Premio Adelaida del Mármol (premio justísimo) conquistado en el año anterior. Libro que nos habla de la propia poesía y de las múltiples relaciones que el individuo puede conllevar con esta (y digo esta como si hablara de “una cualquiera”).

Percibo tres características notorias en la ilación de este cuaderno que se mueve constantemente entre la prosa y el verso (cual temor a la monotonía formal): primero, la escritura como aprendizaje; segundo, la escritura como catarsis y necesidad intuitiva del alma humana, y, por último, la escritura como desfogue sexual.

Apenas se inicia la lectura uno denota que el móvil que origina estos poemas nace en el desconocimiento y en el hambre generado por el mundo, por el continuo transcurrir de la existencia. Eliécer escribe para desentrañar el universo, para ponerle orden al caos (y caos al orden) de sus pensamientos, de su cuerpo exacerbado por la exuberancia del paisaje natural y humano; aprehensor de la belleza, del instante fugaz y raudo que continuamente se hace tiempo y espesura. Poeta que quiere reinventarse: Quién pudiera ser Dios y en su omnisciencia /oír por dónde nace el trueno.[1] Y aprovecho para acotar que el Dios que transita en este libro casi nunca sale bien parado, a él le toca cargar con la ironía y el sarcasmo de ese sujeto que no haya exactitud o confort en su devenir: Poeta es sinónimo de la fe repugnante /que los hombres guardan en algo más allá de sí mismos /algo que se llame por ejemplo Dios.[2]

La palabra de Almaguer es una palabra meditada y sentida[3], es al decir de Flaubert una palabra justa, fertilizada, poseída por el afán del hombre-poeta que busca desembocar su apetencia en la trasuntación de contenido. Como si portara códices que obligatoriamente tiene que verter en verso, en prosa, en símbolo. Símbolo que resulta enjuiciado constantemente, porque el poeta se lacera inquiriéndose por ese afán (o condición) de escribir, por el riesgo y el dolor que muchas veces se encierra en la escritura. Los títulos de los poemas ya hablan por sí solos “De la utilidad de la poesía”, “Disección de la poesía”, “La muerte del poeta” “Sobre la castidad de la escritura”. No obstante cito estos versos que evidencian mi parecer: Pienso que debiera extirparme del poema /olvidar aquella primerísima persona del dolor /no escribir otro verso necrológico.[4]

Pero la huella más representativa de este poemario es, a mi entender, la avidez sexual que recorre sus páginas. El poeta desanda entre ellas como un animal en busca de desfogue, que quiere penetrar, no a la amada o a la amante, no a Eva y toda su descendencia, sino, además, a la naturaleza y todo lo etéreo, en especial a las palabras: No hay hombre ni mujer en mis versos /no hay querencia alguna en mis palabras /únicamente un ser ambiguo /el retoño de una planta que puede germinar /en vulva o glande. /Jamás hago el amor con mis palabras, /hacemos el dolor, hacemos el dolor hasta el orgasmo.[5] Esta sensación de apetito sexual es tan intensa que puede contagiar al lector y hacer que este se estremezca ante el dolor y el deseo, porque la relación entre estos dos “entes” llega a acercarnos a la sublimación. El sujeto cae en un trance tan excesivo, que deja de temerle a todo, incluso la muerte le parece insignificante cuando de copular se trata: Recuerdo aquel poema de José Watanabe /sobre la cópula opresiva de las mantis /de cómo la hembra pulveriza al macho, /sustancia cáustica que brota de su sexo. /La muerte me excita. /Me exalta imaginar cómo divide la geografía /de nuestros cuerpos.[6]

Me he visto obligado a minar estas palabras (que quieren ser una modesta reseña, artilugio que invite a la lectura) con los versos de Eliécer, sin estas citas creo que el lector poco sabría de qué se está hablando. He aquí un libro hondo, al que tal vez le falte un poco de juego en su armazón, y que quizá hubiera merecido un mejor título, pero que es capaz de sobreponerse a las imperfecciones para mostrarnos, no a un poeta brillante, sino, incluso, una manera de poetizar como pocas entre los bardos de Cuba; un poeta ardiente que sucumbe ante las palabras, las mismas a las que él ya les arrebató el himen, las violó y amordazó para que no gritasen esas sílabas que conforman estos plausibles poemas.

[1] Eliécer Almaguer: La flauta del solitario, Ediciones Holguín, 2013, p. 16

[2] Eliécer Almaguer: La flauta del solitario, Ediciones Holguín, 2013, p. 26

[3] Almaguer denota que su relación con las palabras es nula, pero en tal nulidad se evidencia la penetración en el lenguaje. Solo a través de la meditación se puede amoldar la palabra, hacerla propia; el poeta se reconoce castrado ante ellas y en esa aseveración ya denota un desvelo que lo convierte en un ser aprehensivo.

[4] Eliécer Almaguer: La flauta del solitario, Ediciones Holguín, 2013, p. 22

[5] Eliécer Almaguer: La flauta del solitario, Ediciones Holguín, 2013, p. 46

[6] Eliécer Almaguer: La flauta del solitario, Ediciones Holguín, 2013, p. 36

 

Anuncios

Responder

Introduce tus datos o haz clic en un icono para iniciar sesión:

Logo de WordPress.com

Estás comentando usando tu cuenta de WordPress.com. Cerrar sesión / Cambiar )

Imagen de Twitter

Estás comentando usando tu cuenta de Twitter. Cerrar sesión / Cambiar )

Foto de Facebook

Estás comentando usando tu cuenta de Facebook. Cerrar sesión / Cambiar )

Google+ photo

Estás comentando usando tu cuenta de Google+. Cerrar sesión / Cambiar )

Conectando a %s