The Revenant o la inesperada desazón de perder el tiempo

Con sus 12 nominaciones al Óscar, The Revenant, del magistral director Alejandro González Iñárritu, es la película que menos ha cumplido con las expectativas creadas en mis exiguos años como espectador cinematográfico. Iñárritu, que se ha ido convirtiendo en un ícono por películas de incuestionable valor como Amores perros, 21 gramos o Birdman, esta vez, sencillamente, perdió la brújula y nos entregó una película extremadamente aburrida y maniquea.

Transcurridos sus 156 minutos sobreviene el silencio, y luego una furibunda desazón que lo hace a uno pensar en Proust por el genial título de su serie de novelas En busca del tiempo perdido.

Una primera media hora trepidante, que considero uno de los mejores arranques en la historia del cine, provoca que el espectador prácticamente se duerma cuando recién comienza la historia de sobrevivencia de Hugh Glass (Leonardo DiCaprio) en su afán por vengar la muerte de su hijo brutalmente asesinado. Seguir leyendo

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La muerte es una borrachera interminable

Leer el libro de un amigo implica muchas veces que la lectura esté predispuesta hacia el pensamiento poético del amigo. Las conversaciones entre dos poetas —café en mano, o cerveza, así sea Presidente o Bavaria; a mi amigo siempre le ha gustado el ron, pero mi compañía lo ha hecho derivar a la birra, al laguer—, implican que a retazos, como quien mete la cuchareta en un caldo para ver que saca, vayan aflorando constantes alusiones a la tal llamada poesía, a la idea de lo que se tiene precocinado como poema, y de esas interconexiones en la nada que algún día también podrían ser tomados como tal.

Pues uno quiere leer el poemario del amigo, pero sabe que al abrir el libro será él quien esté presente; y ese es un escollo a saltear, porque uno se acomoda, o se incomoda, en el sillón, agarra ese cuaderno de color impreciso que publicó la Editorial Ávila en 2012, y lee en su cubierta “Áridas palabras, José Rolando Rivero”; y cuando ya está desandando sus páginas teme a que sea el Roli quien le hable al oído y le decodifique el poema. Seguir leyendo

Herbert Toranzo, o mi amigo El Esperpento

Mi primer contacto con los cuentos que integran Elogio de la escafandra (Ediciones Unión, 2014) de Herbert Toranzo Falcón (Ciego de Ávila, 1972) se debe a la lectura de “Eslabones”, por allá por el lejano 2008, cuando deglutí Los que cuentan. Una antología, libro publicado en 2007 por la Editorial Caja China del Centro Onelio Jorge Cardoso.

“Eslabones”, cuento que se mueve dentro de lo que podríamos llamar mundos oblicuos o paralelos, y que establece una atmósfera de incertidumbres y dualidades en la que se desplazan personajes extremadamente deleitables; es el primer cuento que encontrará el lector al emprender la lectura de este libro que posee otras seis historias, en las que priman una rara fusión entre fantasía y cotidianidad. Estos textos pueden circunscribirse fácilmente en la rutina diaria de nuestro país; el lector reconocerá en ellos lugares y expresiones muy particulares del cubano, o sea, que se identificará; pero por instantes las narraciones se sumergen tan en lo profundo de las interioridades de la mente y la maquinación humana, que logran escapar a cualquier marca clasificable. Seguir leyendo