Alexandr Blok

Cuánto hubiera querido ser mi hermano
que nació muerto en el 79;
mas me tocó vivir entre la nieve,
predecirle negruras al verano.

Todo lo que escribí lo escribí en vano.
Perdí el tiempo cantándole a la plebe.
Y no hay verso ni historia que me apruebe
el haberle aplaudido a los tiranos.

Al menos morí joven; dejé el rastro
empañado de soles y banderas.
Ya nadie entenderá por qué veredas

se fue la luz oscura de los astros.
Nadie comprenderá la nueva era
de los soviets: carteles y gusanos.

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Vasili Grossman

Yo vi, de la moneda, sus dos caras,
el sublime dolor, la infausta dicha;
espanto y tentación en la desdicha
de festejar por las victorias caras.

Las calles de Moscú huelen a escarcha,
a sangre que se agosta en los rincones;
de un lado a otro sedientos pelotones
visten las avenidas con su marcha.

(El camino que sigues fue trazado
por fuerzas que a tu andar le sobrepasan.)
Así he soñado con las voces muertas

de Moscú, de Trevlinka, o Stalingrado.
Así vida y destino son dos puertas
que abiertas a su fin me despedazan.

Marina Tsvietáieva

Soy hija del amor y la nevada,
cómplice del temor y del destino,
susurro que se pierde en el camino
que me lleva a Moscú, desesperada.

El tren sigue su marcha apresurada
sobre la nieve roja, entre los pinos
vi nacer y morir un remolino,
pasar soldados con el alma helada.

Vuelvo a Moscú como quien vuelve a un sueño
que acontece mi propia perdición.
Taño la luz. Sedienta es la ablación

de la muerte. Vacío es todo empeño.
Ya ni sé a qué me entrego, quién es dueño
de la sangre que moja mi ovación.