Vasili Grossman

Yo vi, de la moneda, sus dos caras,
el sublime dolor, la infausta dicha;
espanto y tentación en la desdicha
de festejar por las victorias caras.

Las calles de Moscú huelen a escarcha,
a sangre que se agosta en los rincones;
de un lado a otro sedientos pelotones
visten las avenidas con su marcha.

(El camino que sigues fue trazado
por fuerzas que a tu andar le sobrepasan.)
Así he soñado con las voces muertas

de Moscú, de Trevlinka, o Stalingrado.
Así vida y destino son dos puertas
que abiertas a su fin me despedazan.

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