Un libro para despistar a todo el mundo

El libro de Camila Rosa es un libro de azares. El rótulo en su cubierta, que lo anuncia merecedor del Premio Loynaz de 2014 en el género Narrativa, contiene una historia llena de sutilezas y matices no exentos de asombro e hilaridad.

Los humanos cada vez respiramos más a golpe de esquemas que, aparentemente, nos ayudan a degustar o consumir el arte y la literatura (se podría hablar de otras esferas que ahora no atañen), y creo que sentarse a leer un libro con una idea preestablecida de lo que se está leyendo, solamente nos aleja más del entendimiento personal, de la conclusión propia, del raciocinio que debe producirse al hacer interactuar nuestra cosmovisión del universo con un obra nueva. Deberíamos acercarnos a cada creación a tientas. Temerosos y a la vez llenos de ansia. Seguir leyendo

Cuba sí, Yankees no

Hay que decirlo ahora porque después no tendrá gracia.

Dentro de poco Obama estará en Cuba y su visita ayudará a aliviar las tensiones y el odio en el que se exacerbó la política entre Cuba y los Estados Unidos por más de 50 años.

Cuando vi venirse todo esto el 17 de diciembre de 2014, comencé a pensar en los cubanos que se empeñaron en acrecentar semejante conducta, simplemente porque creían que ese era el camino correcto. Pensé en aquellos que hace unas décadas armaron mítines antimperialistas, lanzaron huevos y gritaron “escoria” a todo el que pretendía irse de esta isla o simplemente se atrevía a exhibir una bandera norteamericana. Seguir leyendo

Nos quieren quitar el Béisbol

Sospecho que detrás de todo esto hay un complot.

Me dije “voy a reposar por unos días la noticia para ver cómo me la trago”, pero lo cierto es que no la paso, no hallo manera posible de digerirla.

El hecho de que la Federación Cubana de Béisbol haya decidido entregar las riendas del “Cuba” a Víctor Mesa para el tope del próximo 22 de marzo contra el Tampa Bay Rays, me parece una rotunda falta de respeto. Pero no solo a los que seguimos el a veces mal llamado pasatiempo nacional, sino a todo aquel que ha determinado sobrellevar su vida con un poco, al menos un poco, de decencia. Seguir leyendo

De pesca

Esa tarde estaba más que aburrido cuando Miguelito se apareció en la casa con el notición:

—¡Dale, que a Ernesto le dieron permiso!

—¿Pero no dicen que la balsa está rota?

—No, chico, ya la arreglaron. ¡Dale, apúrate!

Cuatro días habían pasado desde la crecida —cuatro días perdidos, pues irnos de pesca sin la balsa de Ernesto no tenía ningún encanto—, y al fin la madre de Ernesto lo dejaría salir de casa. Fui por mi vara, atravesando con cuidado el pasillo para que mamá no me viera, y ya desde la acera le dije que estaría en el parque con Miguelito.

La casa de Ernesto colinda con el potrero, y hasta el río solo hay unos cincuenta metros. Él nos esperaba junto a la cerca. Tenía un pie encima de la balsa y, apoyando una mano en la rodilla, sonreía como si fuera un cazador victorioso y la balsa fuera su presa. Seguir leyendo

Un antídoto para la enfermedad del alma

El mar es un monstruo en el que habitan monstruos: Kraken, Leviatán, Morgawr. Una ancha sustancia verdeazul que lo devora todo y que aún resulta desconocida a los ojos del humano.

Los poetas han encontrado en el mar un reflejo de su propia existencia, de su bullir encabritado. Desde Homero, que casi sacia el tema en su Odisea, hasta Coleridge con la inmortal Oda del anciano marinero, el mar ha formado parte indisoluble del imaginario poético. Ahí tenemos El barco ebrio de Rimbaud o El cementerio marino de Valéry, el “odio el mar” de José Martí o las enigmáticas aguas de Raúl Hernández Novás.

La enfermedad del bronce, libro que Ediciones La Luz recién pone a circular, comienza sus páginas advirtiendo que si te alejas del mar puedes salvar tus armas. Irela Casañas, su autora, dispone un conjunto de poemas, divididos en tres secciones, que descollan por el juego referencial y por el aire cosmopolita de sus temáticas. Seguir leyendo