Cuba sí, Yankees no

Hay que decirlo ahora porque después no tendrá gracia.

Dentro de poco Obama estará en Cuba y su visita ayudará a aliviar las tensiones y el odio en el que se exacerbó la política entre Cuba y los Estados Unidos por más de 50 años.

Cuando vi venirse todo esto el 17 de diciembre de 2014, comencé a pensar en los cubanos que se empeñaron en acrecentar semejante conducta, simplemente porque creían que ese era el camino correcto. Pensé en aquellos que hace unas décadas armaron mítines antimperialistas, lanzaron huevos y gritaron “escoria” a todo el que pretendía irse de esta isla o simplemente se atrevía a exhibir una bandera norteamericana.

No alcancé mucho de esa época, pero sí vi algo, y cómo todo buen pionero tuve que gritar alguna que otra consigna y no se me han escapado de la memoria las clases de historia, y menos las tediosas horas dedicadas al marxismo-leninismo.

También pensé en los políticos y en los aprendices de políticos que llevan tanto tiempo con un discurso pre elaborado en el nunca falta el teque antiamericano y el juego macabro de asustar a todos con la cercanía del Imperio; y me dije para mis adentros: “se vienen tiempos duros, porque esa mentalidad no se la van a cambiar a la gente de un día para otro, la ideología no es un par de calcetines sucios que uno se quita para luego ponerse otros”.

Sin embargo tengo que confesar que he visto cómo los cubanos no solo han acatado los nuevos cambios, sino que los han aplaudido con creces, demostrando que el deshielo de las relaciones era arduamente esperado.

Y así entran en tema preocupaciones mayores, porque lentamente ha ido proliferando —y lo constatan así disímiles publicaciones de cubanos que se encuentran dentro y fuera del país— un proanexionismo sucio que eriza la piel. Recordemos a Martí, recordemos que los Estados Unidos sigue siendo un imperio, un monstruo devorador de economías, un país que ha sabido quebrar la identidad y la idiosincrasia de disímiles pueblos.

Por ello me molesta desde ya imaginarme a los turistas norteamericanos sintiéndose dueños de cada calle que pisan. Me incomoda que en Cuba los “yumas” sean idolatrados, y que a muchos cubanos les guste depender del regodeo baboso y la guataconería.

¿Qué cantaría Carlos Puebla a la llegada de Obama si aún estuviese vivo; y de poder cantar, se sentiría realizado?

Veo bien el restablecimiento de las relaciones entre Cuba y EE UU —las cuales a mi entender nunca debieron truncarse—, pero no puedo dejar de acusar el proselitismo anexionista y la barahúnda obamaniana que realmente ya comienza a provocar picazón en ciertos lados. Qué vengan las relaciones, pero “de afuera a afuera”. A los americanos, que con su pan se los coman.

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