Un libro para despistar a todo el mundo

El libro de Camila Rosa es un libro de azares. El rótulo en su cubierta, que lo anuncia merecedor del Premio Loynaz de 2014 en el género Narrativa, contiene una historia llena de sutilezas y matices no exentos de asombro e hilaridad.

Los humanos cada vez respiramos más a golpe de esquemas que, aparentemente, nos ayudan a degustar o consumir el arte y la literatura (se podría hablar de otras esferas que ahora no atañen), y creo que sentarse a leer un libro con una idea preestablecida de lo que se está leyendo, solamente nos aleja más del entendimiento personal, de la conclusión propia, del raciocinio que debe producirse al hacer interactuar nuestra cosmovisión del universo con un obra nueva. Deberíamos acercarnos a cada creación a tientas. Temerosos y a la vez llenos de ansia.

Con una mezcla de ambos sentimientos me acerqué a este libro de Carmen Hernández Peña (porque este libro es de Carmen, no de Camila Rosa como muchos creen) que Ediciones Loynaz recién pone en órbita. El mismo responde a una escritura avezada que exige una lectura detenida, repleta de fe; un texto indescriptible, que solo la lectura y relectura ayudará a conocer y acaso a comprender, compuesto por otros textos o piezas, pues decir poemas o cuentos es enmarañar el significado. Algunos colindan con un género más que otros, y estos últimos permanecen incólumes cuando se les trata de apresar bajo algún sobrenombre, porque incluso decir “texto” o “pieza” resulta demasiado ambiguo, un término, y presuntuoso, el otro. Un libro que echa mano de múltiples astucias literarias como la heteronimia, el apócrifo, el epistolario, el manuscrito encontrado.

Y justamente el hallazgo de los “Animales tiernos” nos inserta en una ficción de desencuentros verbales y personales. Lo que parece ser ¿un poema? está ilustrado por doce dibujos trazados, aparentemente, por la mano de un niño…[1] Estos textos provocan un intercambio de mensajes que nos acercan a las aristas de lo que pudiera funcionar como una historia. Luego de publicados, el presunto autor se anuncia y entrega una reescritura de estos animales, demostrando así que el acto de la escritura del poema jamás termina, el poeta siempre está presto a reescribir su texto como quien trata de ponerle orden una y otra vez a su existencia.

¿Quién encuentra y hace públicos estos textos? Camila Rosa. ¿Quién es Camila Rosa a lo largo de este lapso literario? ¿Sería posible definirlo, llegar a alguna conclusión? Lo cierto es que Camila Rosa está y no está. Es un ente etéreo y a la vez tangible. Es la portadora de los enunciados. La traductora de las escrituras confusas. Lo indudable es que se ha convertido en una extraña intermediaria, que habita varios espacios en casi el mismo tiempo.[2]

Por ello entre el sujeto lírico y el lector siempre está Camila Rosa; por momentos la sentimos muy cercana y luego puede parecer que se escapa lejos, que se diluye en la rara existencia de la ficción. Emigra hacia otra posible cuerda del universo.

El relato “Dodes ka-den”, porque me arriesgo (aún después de lo que he dicho) a llamarle relato, es para mí la pieza medular del libro. Una historia de encuentros y desencuentros donde cada parte deja entrever un proyecto de vida, un futuro que se desmorona ante la pérdida del sujeto amado, convirtiéndose ambas existencias en búsqueda, añoranza de lo etéreo, de lo que fue y no es; a la vez que se explora en la volubilidad del universo, en la posibilidad de que todos estemos en el lugar inapropiado.

Resaltan los variopintos personajes que nos remiten a diversos referentes histórico-culturales; el hombre que busca a una mujer, la presunta quinta víctima de Jack el destripador, el hermoso joven que tiene VIH, la Nessie; pero sobretodo ella, la mujer invisible, la secuaz Camila Rosa que ha acompañado a Carmen, o a la sujeto, en la travesía lúdica que este libro supone.

No sé si lo hasta aquí he dicho es cierto o probable; no sé si estas palabras logren, algún día, justificarse; desconozco si finalmente me sirven para recomendarles un libro que lo rebosa todo, que no permite aliteración posible. Lo que sí sé es que Carmen se ríe y disfruta de su propia risa. No solo escribe y lo hace bien, sino que a la vez nos entrega un libro inquietante que logra despistar a todo el mundo. El lector se preguntará ¿que he leído?, querrá ponerle una etiqueta a lo inclasificable y en este gesto fracasará. Reposará la lectura y luego, lentamente, podrá reír como Carmen y, al igual que ella, gozar con su propia risa.

[1] Carmen Hernández Peña, El libro de Camila Rosa: Ediciones Loynaz, 2015, p. 7

[2] Carmen Hernández Peña, El libro de Camila Rosa: Ediciones Loynaz, 2015, p. 19

Anuncios

Responder

Introduce tus datos o haz clic en un icono para iniciar sesión:

Logo de WordPress.com

Estás comentando usando tu cuenta de WordPress.com. Cerrar sesión / Cambiar )

Imagen de Twitter

Estás comentando usando tu cuenta de Twitter. Cerrar sesión / Cambiar )

Foto de Facebook

Estás comentando usando tu cuenta de Facebook. Cerrar sesión / Cambiar )

Google+ photo

Estás comentando usando tu cuenta de Google+. Cerrar sesión / Cambiar )

Conectando a %s