Soledades

Cae un chubasco de repente.
Luego otro chubasco reemplaza
el tiempo de la pesadumbre.
La lluvia me niega las calles,
me amarra a un sitio inesperado.

(Pobres las almas en las que siempre llueve,
pobres los que han escuchado el llanto
después de la estampida,
el silencio después de la lluvia).

Ahora este chubasco es una cortina entre tú y yo,
un abrirse el tiempo en las distancias que nos separan,
un pensar en ti mojado y ridículo,
otro camino de la espera.

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