Los libros prestados

Insisto en prestar mis libros porque creo que mientras más ojos se posen sobre ellos más efectiva será la vida de ese objeto perdurable, aunque no imperecedero. No obstante, siempre lo hago con desconfianza; hay una parcela egoísta de mi ser a la que no le gusta mucho esta acción de dádiva. A veces siento que me sentiría mejor si no prestara ninguno, y los dejara todos a mi alcance, para mi único y denodado roce; actitud que se exacerba cuando alguno no vuelve a casa por tal o más cual razón, o cuando viene deshecho o con las hojas magulladas. Pero es solo una leve parcela, insisto.

Lo gracioso, o irónico, es que no escatimo a la hora de pedir yo alguno en préstamo; y debo a esta práctica el haber leído muchos de los mejores libros que han pasado por mis manos: 2666, de Roberto Bolaño; La conjura de los necios, de John Kennedy Toole; La escopeta de casa, de Yasushi Inoue; Conversación en La Catedral, de Mario Vargas Llosa (la cual considero la mejor novela que jamás se ha escrito Seguir leyendo

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Hablando de otras noches mal soñadas

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Siempre lo he dicho: es duro llegar a cualquier sitio.

Hay noches vacías como el rostro
del que no ha amado.cosa
Hay sonrisas que no ríen.

Hay fronteras entre mi deseo y yo,
entre ese que quiero ser y yo.

Las paredes no esperan mi sombra,
las aceras no aguardan mis pasos.

Todo es ansia irremediable / impulso decapitado.

Tú vienes y vas por mi ilusión,
estás en mí hecha una idea volcánica,
un aluvión de caricias,
un cercenar las soledades. Seguir leyendo

Love: El amor es aberrante

Escribo en caliente. Apenas hace unas horas que apagué mi PC y me fui a la cama afectado por las escenas de Love, el más reciente filme de Gaspar Noé, de quien guardo el agraciado recuerdo de las tantas horas dedicadas a ver, volver a ver, pensar y repensar, Irreversible, ese filme que me resulta tan duro y lapidario como su título. Love no. Love es otra cosa. Una película mediana de la cual escribo impulsado por los resortes de la traumática historia que cuenta.

Murphy (estudiante de cine) y Electra (de pintura), se conocen y luego de conversar durante toda una tarde se hacen novios. Las palabras que anteceden al primer beso tal parece que fueran a regir su destino (pregunta Murphy: “¿Cuál es el sentido de la vida?”, a lo que ella responde: “Amor”), y lo hace, al menos en Murphy, que es en quien se centra la película Seguir leyendo

El Escribano

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Al teniente Soto le decían Savimbi por ser más prieto que una noche bien oscura. Negrísimo, bajito, y se podría decir que delgado, aunque de músculos compactos y definidos. Ante el pelotón —parado en firme, su uniforme ausente de arrugas, el cinturón apretado, la gorra apenas rozando la rapada cabeza—, nos parecía imponente, temerario.

El teniente Soto era imponente y temerario. Sumamente recio. Nos infligía un rigor avasallante y castigaba con cruda severidad. Lo odiábamos desde el día en que nos hizo arrastrar sobre la pista pedregosa de atletismo. Lo odiábamos con la misma potencia con que le temíamos. Solo Rolando trató de encarársele en contadas ocasiones, pero cuando el teniente Soto se le paraba delante, su cuerpo parecía empequeñecerse y su voz se convertía en un lamento. Seguir leyendo

Mi corazón

Mi corazón es un pozo donde caen
las muertes y sangran oscuros manantiales.
Un país que perdió las fronteras con el dolor
y huye como un tigre moribundo.
Mi corazón es un llanto de cabras.
La ruta a los abrojos.
El pretexto de estas horas.

Mi corazón es la conclusión del miedo.