Inicio de todo lo que termina

Hoy retorno a la espera de los castrados,
al vacío de los que mueren sin temor a morir07-inicio-de-todo-lo-que-termina-2
apelmazados y solos.

El estanque de mi infancia me invita
a recordar gestos plácidos,
caminos a lo impenetrable.

Hay un recodo en los días hambrientos
donde mi padre vuelve a morir.
Y tenso la cuerda,
el filo de todo lo que es filoso.

Descubrí que tras las puertas
se esconden
silenciosas voces,
que en los sarcófagos hay más vida que en los vientres,
que los domingos son más tristes.

Me rompo en trozos de disparidad,
me digo, me contradigo, me culpo.

Crecí solo, sin más dolor que todo el dolor de lo perdido,
días de carencias,
de retruécanos y falsedades.
Crecí sin más cielo
que el que muere en el límite del horizonte.
Sin más Dios que las blasfemias de mi madre.

Estoy convencido de que muero,
de que retorno a la espera de los inocentes
—esa tercera inocencia de volver a creer—,
al vacío de las nueces que no he visto,
que no se rompen.

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