Las sombras pobladas de Leonardo García

La canción me perturbó. Ella la había tarareado y luego yo perseguí la melodía hasta encontrarla en mi mediateca, en mis más de 70 GB de música minuciosamente organizada. La escuché y la volví a escuchar hasta que la perturbación se convirtió en dolor y el dolor en herida.

Estuve rayándola durante un par de semanas, tomando el punzón de los celos y dejándolo arder en la llama por aquello de exorcizar el dolor por el camino del exceso. Así estaba ese mediodía, con el sabor de un final a medias, que a ratos me parece un principio entorpecido, cuando me lo encontré sentado en el funesto restaurant de un funesto motel de cuyo nombre es mejor no acordarse, y casi con timidez me acerqué hasta su puesto. Tal vez me recuerda, pensé, de la tarde que coincidimos en casa de un amigo o de aquella noche cuando me le acerqué para pedirle Oración del remanso, ese chamamé de Jorge Fandermole que escuchada en su voz cobra enriquecidos bríos y matices.

El arte a veces me sumerge en irrealidades. Por momentos llego a sentir que esa canción indispensable o aquel poema venerado no iniciaron su existencia en un momento preciso, tal me parece como si hubiesen estado desde siempre. Por ello, al tener a Leonardo García a mi lado, al compartir cordialmente la mesa y la conversación, me parecía como si todo fuese un embuste, como si esa canción que de días atrás me requemaba, no pudiera haber emanado de aquel hombre tan aparentemente común.

Para esa noche estaba previsto uno concierto suyo que la lluvia impediría. Pero el empuje de la AHS, las ganas colectivas de escucharlo, más su disposición de no irse de Ciego de Ávila sin cantar, dio al traste con que su música nos favoreciera, nos llenara la vida de satisfacciones y milagros.

Volvimos a encontrarnos durante la cena y luego charlamos hasta el cansancio mientras veíamos caer la lluvia inoportuna. Hablamos de música, de la familia, de metas inconquistables, y me atreví a decirle de la canción, del tiempo que le había dedicado en los últimos días, sin hacerle saber que tras sus palabras se ocultaban mis miedos, mis ganas de naufragar junto a ella, de hacer espacio en mi corazón hasta para sus antiguos aciertos y pérdidas. Es una canción viejita, me dijo.

Quedamos en vernos al amanecer si finalmente se disponía a realizar una excursión por la feria de alimentos que todos los domingos tiene lugar en las inmediaciones de La Turbina. Le interesaba comprar unos aguacates para la casa. Yo había entendido que quien dice aguacates también dice habichuelas, plátanos u otros alimentos, y este me pareció el lugar idóneo; pero me sorprendí cuando, casi entrando a la feria, él encontró sus aguacates y se dio por satisfecho. Realmente estaban a un buen precio y me contentó su alegría al decirme que se llevaba un tesoro para Santa Clara.

Luego compartimos café, charla sobre lo difícil que es sostener una propuesta estética ajena a la banalidad y a los intereses mediáticos, banda de conciertos en su retreta dominical, y caminata hasta la casa de un amigo que estaba en otra parte. Nos despedimos y me fui rumbo bulevar. Me compré un periódico del día anterior y al abrir la página de cultura me sorprendió ver que en esta edición la Carretera Sonora, del pausado Michel Hernández, invitaba a hacer descanso en Cara o Cruz, última propuesta discográfica de Leo, como le dicen cariñosamente sus amigos.

Try Card ACara o Cruz es una propuesta encomiable. Musicalmente es todo un goce escuchar esa guitarra vibrante robándose todo el show, apenas acompañada a ratos por un tenue cajón. La esencia de la trova (el poeta enguitarrado) está vivísima en esta producción y para bien. Los textos se mueven entre la languidez y la mordacidad, entre la melancolía tierna y la diatriba cuidadosamente calibrada. Las canciones hablan de cierta inmersión cotidiana en la que el individuo es tambaleado por las razones ordinarias de la existencia (Final de día), de un acendramiento de la tristeza en lo profundo del alma (Mar de sábado), de la ternura paternal de un hombre que se desborda (Para Diago); pero no dejan de guiñar un ojo (Lindas palabras), de sonreírle a los desmanes (Abajo la xenofobia, Recreación sana), o de poner el dedo en la pústula (Cara o cruz).

Pero no son estas las canciones que vienen a escuchar todos los muchachos y no tan muchachos que repletan el patio de la Casa del Joven Creador, pues este disco está aún recién sacado del horno y los muchachos activan Zapya, Bluetooth, y otros dispositivos para compartir lo bueno. No. Quienes ahora están aquí buscan escuchar las canciones emblemáticas de Leo, esas que lo han convertido en un trovador seguido y añorado de un extremo a otro del país. El concierto comienza con Entre la luna y yo, y pronto sobrevienen temas como Sombra de mi nobleza, Mi primer bolero, Pobre gente, que provocan suspiros, murmullos y aplausos.

Adentrada la noche Leonardo reconoce que no tiene un guión preelaborado y motiva a los presentes para a que le soliciten cuanta canción quieran. Alguien grita Días corriendo, y el tema es ejecutado con la misma inmediatez con la que se mete en mi pecho y lo joroba, río revuelto parte su cauce separando el cuerpo y el corazón. Luego otro reclama Emigro, y el trovador complace, él lleva el alma de abrigo, no debe detenerse a pensar. Y de súbito se escucha un vozarrón: Sombras desiertas, y me descubro incontenido, anhelante, ansioso: he sido yo quien ha gritado. Leo reconoce mi voz y me la dedica especialmente. Yo trato de convertir el momento en un regalo que resulta imposible. Me recubro en la noche benévola.

Una canción es un secreto, me digo, una lágrima a deshora, un deseo de imponerse al silencio con ternura, al odio con melancolía, al amor con amor. Una necesidad de poblar la existencia de pretextos sonoros, sombras enriquecidas por la voz, por el más sencillo rasgueo.

Ay amor, tú que despertaste mi ternura en espiral, dice Leo y hago mías sus palabras y hasta sus acordes, yo también soy el mar, y si me escondes tu mirada voy corriendo ciego sin pensar, soy así, soy de pronto tanto como nada.

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2 comentarios en “Las sombras pobladas de Leonardo García

  1. Yanarys dijo:

    Heri me encanta lo que estas escribiendo de verdad felicidades me ha conmovido tu experiencia con Leo y con su música, me gusta porque en tus palabras te veo, sincero y con la serenidad y la pasión por el arte que te caracteriza, suerte en todos tus proyectos

    Le gusta a 1 persona

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