Días tempestuosos de hoy

…tumbas son de las que un glorioso fantasma
puede salir de un salto a iluminar los días tempestuosos de hoy.
Percy Bysshe Shelley

Cuán vacía encuentro esta calma —ojo de huracán.
Mi cuarto se inundó de peces hedientos.
Los aparté como pude.
Aún sangrando ante la pérdida del valor.
La soledad se alquiló en mi garganta
y la agonía de bendecir lo ausente10 DÍAS TEMPESTUOSOS DE HOY (2).jpg
cayó sobre mis muslos.
Aliento injertado en mis pupilas fue suficiente
para vivir este hoy y agradecer.
Ah, agradecer.
Mi vientre impugna la verdad.
Mis manos no asen la razón,
sino este llanto de padres sonámbulos.
Ah, cuerpo sumiso y apedreado,
no recuerdes, cuerpo, no recuerdes.
Ah, final oscuro, suspiro estéril.
Este abismo me recibe complaciente.
Estas horas son eternas como el miedo
de caer sobre
las yerbas domadas de la ilusión.

Yo que busco en la noche

La noche es buena para decir adiós.
José Martí

Yo, que busco en la noche maltratada
la dañosa piedad de los finales,
le temo a los impulsos desleales
que perviven en mi alma desolada.08 YO QUE BUSCO EN LA NOCHE (2).jpg

Yo, que caigo en las trampas de la nada
como un ciervo en oscuros lodazales,
desconozco la fuerza de los males
que me avientan en la hosca madrugada.

Crepúsculos de sombras que hoy padezco,
enfermedad plomiza del pasado,
cansino yo, doliente a mi costado,

colmándome el futuro que adolezco;
yo que hoy amo lo mismo que aborrezco,
yo que busco en la noche, maltratado.

Odio sobre ruedas

Sin él no sé qué sería de mí. Casi puedo decir que mi vida depende de su presencia, de que no se retrase, sino de que llegue puntual a la cita, como un muchacho enamorado que espera ansioso por el motivo de su fortuna. Pero no, él se hace esperar la mayoría de las veces; mas no importa, ya lo dije, mi vida depende de él, no me queda otro remedio que esperarlo, aunque sin ansia, más bien con hastío y pesadumbre, porque lo odio, esa es la pura verdad.

Muchas veces en la mañana me sirve también de despertador; a las seis escucho su pitido cuando va hacia Júcaro. Ahí comienza mi día. El desayuno de mi hijo, y el mío, por supuesto, el aseo y el acicalado de ambos, y luego la salida entumecida: mi hijo para la escuela —queriendo desde ya regresar—, y yo hacia el trabajo con alguna que otra motivación indescriptible.

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La palabra

04 LA PALABRA (2).jpgHe mentido con la palabra
con que he dicho la verdad.
Cuánto ultraje en los días.
Cuánta astucia en las piedras.
¿Cómo podré
salvarme de no ser
el mismo cada día?
¿Cómo escribiré la palabra
que se niega a sí misma?
Tal vez la muerte
es el principio de otra vida.
Tal vez la vida
es la única oportunidad.
Todo es incierto como esa palabra,
todo y nada, palabras.