El concepto secuestrado

La palabra Revolución viene del latín, revolutio, que quiere decir dar una vuelta (yo lo entiendo mejor si le llamo palancazo, o golpe de timón), por lo cual, ante poderes anquilosados y retrógrados, ante la necesidad de reubicar el orden y la vida social de una nación empantanada, este vocablo ha representado a quienes pretenden establecer nuevas políticas, nombrándose revolucionarios.

Cuando estudié las derechas y las izquierdas en Teoría Sociopolítica se me hizo tremendo lío en la cabeza. Las derechas estaban representadas por esos gobiernos conservadores que promulgan el individualismo y la propiedad privada, en su mayoría caducos y faltos de herramientas y vías para satisfacer y enmendar los problemas de la sociedad. Las izquierdas, en cambio, por aquellas que se enfrentan a esos viejos órdenes con un arsenal de ideas frescas y espacios propiciadores de una mayor participación colectiva.

Como sé que nada es absoluto siempre me he cuestionado hasta qué punto estas fuerzas pueden enfrentarse entre sí sin llegar a parecerse las unas a los otras. ¿Qué ocurre si un gobierno que se sabe de derechas logra un equilibrio de justicia y equidad ciudadano? ¿Qué si un gobierno de izquierda, por muy noble que sea su fin, no logra, tras años y años de bregar, nada más que sueños y sacrificio vano?

Me reconozco de izquierda, y también quiero la oportunidad de echar mi suerte con los pobres, pero primero me enfrento a mis semejantes si sé que andan divorciados con la razón antes de enfrentar a mis diferentes.

Sé que es dañino al apetito antropófago del Norte, sé que el Bloqueo es más que un cuento de Perogrullo, pero tras la necesidad de cohesión para enfrentar “al enemigo”, no puede parapetarse la falta de diálog17-el-concepto-secuestrado-3o, la fobia hacia todo tipo de pensamiento propio, hacia el más apacible cuestionamiento.

Cuando queremos llegar a una meta es más beneficiosa la crítica dura y difícil de soportar, que aquella que solo es lisonja, congratulación y guataconería. Y si algo no ha sabido hacer nuestro gobierno, ni sus principales organizaciones políticas, es contender inteligentemente con el pensamiento que no le es igual, pero que pudiera llegar a complementarlo o enriquecerlo.

A veces quiero llamarme revolucionario, si entiendo por Fidel Castro, que Revolución es cambiar todo lo que debe ser cambiado —y en nuestro país si algo sobra es cosas por cambiar—, pero ese término ha sido tan meticulosamente secuestrado que no me queda más que indefinirme. Contrarevolucionario no soy, disidente, subversivo, tal vez, pero no como lo entienden las altas esferas, pues no quiero el mal, sino el bien, como lo desean muchos que han sido apartados y empujados a estar en contra.

Nuestro gobierno insiste en llamarse revolucionario, pero hace tiempo —yo diría décadas— que ese nombre le queda demasiado grande, entre otras razones porque no existe un estado de revolución permanente para ningún órgano abstracto o tangible. Pero la razón más vigorosa duerme en el hecho de que solo en la juventud desaprovechada nuestro gobierno podría perpetuar —pasando el batón, brindando espacios reales de participación e intercambio— un estado de cambios estrictos y necesarios, pues la vida no gira al ritmo de la senectud.

Y no me refiero a los jóvenes que repiten consignas preelaboradas, esos que bajan la cabeza o acatan lo que les dicen sin poner miramientos o razonar un hecho. Me refiero a los testarudos, a los polémicos e iconoclastas, a los que nunca están conformes, a los que cuestionan y no vacilan para decir cuánto piensan. A esos que seguro disfrutarían en llamarse revolucionarios, pero que se sienten usurpados, calumniados, y a veces hasta empujados a recalar en el bando contrario.

 

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3 comentarios en “El concepto secuestrado

  1. Jesse Diaz dijo:

    Estoy de acuerdo, casi podria decir que fui yo quien escribio este articulo. Cuando no estas a favor de algo te llaman: disidente, contrarevolucionario, subersivo o anarquista, en cambio si estas de acuerdo, sin cuestionar siquiera que se dice: entonces estas a favor de algo, no importa si ese algo sea caminar de cabeza, no te dan la opcion de preguntar, de convencerte, de razonar, llegar a un entendimiento. Solo existen dos tendencias: A favor o en Contra. No puedes preguntar, no puedes objetar, no puedes opinar, no puedes dar tu punto de vista sobre algo, es que eso: VINO DE ARRIBA, de arriba solo viene la lluvia. no lo olviden.
    En lo personal, no me puedo tildar de contrarevolucionario, ni tan siquiera de contra; en cambio siguiendo la maxima de este escrito y poniendo en marcha el concepto de REVOLUCION, puedo llamarme revolucionario, no Fidelista, ni mucho menos Marxista-Leninista, AMO a mi patria, -CUBA-, aunque viva en otra parte del mundo por que en mi pais no pude o no puedo expresar lo que sentia o siento, no podia o no puedo debatir sobre un tema pues me llamaban disidente.
    Si esto se llama ser de Izquierda o de Derecha, prefiero pertenecer al grupo que puede decir lo que siente, sin importar a cual bando pertenece.
    Desde mi vision esto es diversidad, y como tal merece respeto y no represion.
    Con saludos cordials,,
    Jesse

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