El impostor

El viejo Andrés era todo un personaje. El tío bisabuelo de mi hijo. Nonagenario ocurrente. Arrastraba un sinfín de historias, toda una vida dedicada al trabajo agrícola, y una salud de hierro; a los 90 años puso su primer pie en un hospital, y aún tardó nueve más en asistirle la muerte. Una noche, mientras undoctor daba una charla en el celebérrimo programa Pasaje a lo desconocido, su sobrino Miguelito le dijo: “¡mira Andrés, como sabe ese hombre!”, y su respuesta fue todo un suceso que luego acarrearía en la familia disímiles comentarios: “¡ah, ese sabe tanto porque lo leyó en los libros!”.

Enseguida su comentario provocó risas y mofas alegres. Todos se carcajeaban de lo que era un evidente disparate, pero luego me sentí ofuscado por la fácil manera con la que Andrés, arropado en su ignorancia, echaba por la borda toda la seriedad científica, no ya de aquel hombre, sino de toda la sabiduría humana.La fácil manera con la que le restó importancia al caudal de conocimientos del doctor y su vida dedicada al estudio minucioso, fue para mí algo más que una escena risible.

¿Qué entendería el viejo Andrés por conocimiento?¿Algo innato dentro del hombre impuesto por la Naturaleza o Dios? Por mucha capacidad intelectiva o perceptiva que se posea, el saber debe atravesarnos, entrar en nosotros, doblegar nuestro cerebro, pues el conocimiento es una esfera inalcanzable, mientras más amplías el diámetro de lo conocido, más crece todo cuantoconoces que no conoces;y así entiendes un poco más a Sócrates y su máxima de “sabe más quien sabe lo que no sabe”.Pues vale tener una noción de lo que se ignora.

Para Andrés el doctor, que sabía tanto porque lo leyó en los libros, era solo un impostor, un ladrón, un parlanchín haciendo gala de su sapiencia cuando en verdad solo dominaba lo que ya otros conocíanmucho antes.

¡Cuánto no agradecerle al libro y a todos los soportes anteriores y posteriores a su existencia! ¿A qué ritmo hubiese avanzado el hombre de no haber hallado la vía para dejar plasmada su verdad? Es muy f11-el-impostorácil comprender la Ley de la Gravitación Universal en una clase de apenasuna hora, mientras a Isaac Newton le tocaba emplear 40 de años de su vida, y heredar el conocimiento de siglos, parallegar a formularla hacia 1687. Y me imagino a Andrés desbarrándole a Sir Newton: “¡ah, tú sabes tanto porque lo leíste en los libros!”, o sea: “No eres más que un tramposo”. No obstante, Newton no es el mejor ejemplo, pues, según se cuenta, tuvo que caerle una manzana en la cabeza para redondear sus ideas.

“El conocimiento está en otra parte”, pareciera ser lo que, por carambola, nos estaba diciendo Andrés, y en ello me he detenido a pensar en más de una ocasión. No reniego de los libros, ni lo haré, perolo sé: fuera de ellos la vida corre a borbotones esperando ser descifrada.

Las lecturas son múltiples y sucesivas, más allá de la lectura literal, es bueno leer, además, lo que no es palabras ni libros, pues a veces una persona lleva en sí el caudal que no podemos encontrar en ningún texto. Una buena película, una canción inteligente, una exposición memorable, son lecturas que valen ser intentadas como tal. La vida, en toda su complejidad, vale ser enfrentada como un libro abierto.

Nunca pude comentarle estas cosas a Andrés.Las últimas veces que hablamos fue para desvariar sobre la “pelota” y los últimos juegos de los “tigres avileños”. No me hubiese entendido, creo. A veces pienso que su cometario solo existió para hacerme sentir culpable cada vez que me llevo un libro a las manos.

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