Envidia de ser madre

Me había sentado unos minutos en uno de los bancos del bulevar. A mi lado conversaban dos mujeres. Una embarazada, la otra estaba siguiendo con sus ojos a una pequeñuela que no dejaba de corretear. Supuse acertadamente que era su hija. Hablaban de asuntos maternales. Agucé el oído. Pensé erróneamente que la ya madre le daba lecciones a la futura mamá, pero no, ya ella iba para su segundo vástago y tenía sobrados conocimientos del tema. Le contaba a la otra de su varón, según decía era tan inquieto como la niña que ahora se alejaba demasiado y hacía desesperar a todos.

La niña se acercó y siguieron la charla, yo escuchaba a ratos consciente, a ratos inconscientemente, el hecho es que la conversación no se me escapaba. En un instante la madre de la pequeña le hizo a la embarazada una pregunta clásica: Seguir leyendo

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S/T, una foto de Alba León Infante

El joven descansa recostado a una pared corroída, sucia. Entre su cuerpo y la pared, resguarda una bicicleta. Ensimismado, abstraído, en su tableta electrónica, con los auriculares puestos, es incapaz de levantar la vista y presenciar lo que para él dispone esa vidriera: dos pinturas: debajo un armadillo surrealista, al centro una mulata de grandes pendientes y paño en la cabeza, dibujada sobre la bandera cubana; y un cartel (encima): en el que los cinco exprisioneros del impero, los cinco espías, los cinco héroes, levantan sus manos con euforia, afianzando las palabras del cartel: “Firmes y victoriosos entre nosotros”.

Hay en esta imagen un discurso irónico sobre la nación que hemos construido (o destruido), sobre la Patria que hoy somos y la apatía que denotan muchos cubanos respecto a cuestiones políticas, cívicas, morales y éticas. La vestimenta descuidada del joven, el desparpajo Seguir leyendo

Ser padre

Lo supe en marzo de 2006. Sería padre. En siete meses tendría a mi lado a una criatura como resultado del amor, constructo de mi existencia y la de esa mujer fabulosa con la cual comenzaba a compartir mi vida. En mi cabeza no habitaba la más remota idea de lo que aquello podía significar, y mi mente, para hablar en plata, se disparó de preocupaciones y miedos. Terribles contradicciones se devanaban dentro de mí con la velocidad y la furia de un relámpago.

Sí, una tormenta; en eso debió convertirse mi masa encefálica cuando el doctor nos comunicó de las cinco semanas de embarazo. Seguir leyendo