Al libro lo que es del libro

Después de siete años consecutivos desandando la sede principal en La Cabaña y las subsedes del Vedado puedo decir que la Feria Internacional del Libro de La Habana es un evento de real magnitud que lentamente va transitando por el camino del vacío, por la abulia de esos fenómenos gastados que se calcan de edición en edición y llegan a no connotar ni a provocar mucho entusiasmo, sobre todo entre aquellos que año tras año se dirigen hacia sus diversas instalaciones para tratar de satisfacer ese goce dificultoso que es la lectura. Cada vez es más arduo encontrar propuestas literarias atractivas, las impresiones y reimpresiones de títulos no se ajustan a los intereses de los lectores, y los invitados internacionales no colman las expectativas de un público que cada vez lee menos (hay que reconocerlo) y es más ignorante (en gran medida porque los títulos que circulan en nuestras librerías no son los que reinan a nivel internacional), pero que sí está claro de cuandole quieren colar gato por liebre. Seguir leyendo

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Diciembre

Una vez escribí que diciembre es un mal mes. Para mí y para los que ansían compartir su soledad. Yo prefigurando diciembre como un frío aterrador, como una ventisca que se te cuela entre los ojos, entre los tullidos huesos. Como unas ganas enormes de sentirse abrazado.

Pero diciembre, nuestro diciembre, es un vendaval de fuego que no cesa; porque en esta Cuba personal y colectiva, mía y de todo al que se le antoje, el calor celoso no nos deja de la mano. Y la ausencia del invierno asegura la presencia del abrazo. Seguir leyendo

Philip Roth o el vigor de la escritura

Tras la lectura de La mancha humana, de Philip Roth, he experimentado cierta vaga sensación de vacío. La novela me ha dejado ansias de leer infinitamente, pero le ha quitado el sabor al resto de los libros que me rodean; por otra parte las ganas de escribir están soterradas, asustadas, atónitas. Sé muy qué me ocurre y qué debo hacer. He quedado noqueado por un exceso de agudeza y gracia; sencillamente debo dejar que pasen unos días para desintoxicarme de genialidad.

Es difícil definir qué es una novela, como difícil o imposible resulta decir qué es la vida. No obstante la vida es fácilmente imaginable sin los humanos, mientras que una novela sería impensable sin nuestra presencia en ella. O sea, que una novela no es más que una representación de nosotros mismos. Seguir leyendo

Irma, el pretexto de un fracaso

Finalmente las casas de mi barrio sobrevivieron a las lluvias y los vientos de Irma. Todo presagiaba lo contrario, pero esos hogares centenarios, que preví demolidos por la naturaleza, aún están en pie. Por ello respiré tranquilo la mañana en la que, alejado el huracán, decidí caminar las calles de mi escueto día a día. Más aliviado imaginé a sus habitantes, pues trato de colocarme en la piel de alguien que de súbito amanece sin techo y no logro calcular la hondura de la pena.

En un país en el cual el problema de la vivienda —entre tantos otros— es el que más duele y aqueja, es sardónico ver tantas casas derruidas. El gobierno promete asistir a los damnificados, pero ocurre que 50 casas devastadas no equivalen a 50 familias sin techo, sino a muchas más. En nuestros hogares es común hallar a tres o más generaciones viviendo o al menos intentándolo. Seguir leyendo

Casas de mi barrio

Son las cinco de la tarde del 6 de septiembre de 2017 y yo he decidido caminar por el barrio. Según el último parte meteorológico el huracán Irma debe embestir sobre el territorio nacional dentro de las próximas 48 a 72 horas.

El tipo que dio el parte en la televisión nacional es nuevo, estaba nervioso —no es para menos—, pues suplir a Rubiera no ha de ser fácil; de hecho, se le extraña y nadie dijo por qué no está frente a las cámaras. Él transmitía seguridad. Oí a una mujer en la calle decirle a otra que se había jubilado. No sé de dónde sacó la información, bien podría ser una broma, muestra de lo que algunos nombran cubaneo.

Una fuerza autodestructiva de la naturaleza se aviene sobre nosotros y yo salgo a caminar cámara en mano. Seguir leyendo

El goce de releer

El ejercicio de leer me somete a diversas dicotomías. La primera va aparejada al hecho de ejercer la escritura. Me inquieta cuestionarme si debo dedicarle más tiempo a escribir o a leer. Si escribo pienso en lo que no leo, y viceversa.

A Borges le gustaba decir que muchos se alababan de las páginas que habían escrito, pero él se enaltecía de las que había leído. Mensaje captado, sin lectura no hay escritura posible; pero al final es necesario fragmentar el tiempo, pues si algo tengo claro es que una segunda vida no me será dada, y de serme dada no sé si la acepte. Seguir leyendo

S/T, una foto de Alba León Infante

El joven descansa recostado a una pared corroída, sucia. Entre su cuerpo y la pared, resguarda una bicicleta. Ensimismado, abstraído, en su tableta electrónica, con los auriculares puestos, es incapaz de levantar la vista y presenciar lo que para él dispone esa vidriera: dos pinturas: debajo un armadillo surrealista, al centro una mulata de grandes pendientes y paño en la cabeza, dibujada sobre la bandera cubana; y un cartel (encima): en el que los cinco exprisioneros del impero, los cinco espías, los cinco héroes, levantan sus manos con euforia, afianzando las palabras del cartel: “Firmes y victoriosos entre nosotros”.

Hay en esta imagen un discurso irónico sobre la nación que hemos construido (o destruido), sobre la Patria que hoy somos y la apatía que denotan muchos cubanos respecto a cuestiones políticas, cívicas, morales y éticas. La vestimenta descuidada del joven, el desparpajo Seguir leyendo