Mi hijo y la Historia de Cuba

Mi hijo está en sexto grado. Dentro de pocos días se enfrentará a un examen de control de Historia de Cuba y me ha pedido apoyo. El período a analizar es de 1898 a 1952, que comprende los tres primeros capítulos del libro de texto. Demasiado para un solo cartucho, pienso.

Comenzamos hablando de Chibás, porque en torno a su figura versó la última clase que recibió en la escuela. Chibás era honesto, bueno, y desinteresado, dice mi hijo. Luego hablamos de Guiteras y su labor durante el llamado Gobierno de los Cien Días. Guiteras era honrado, valiente, y justo, dice mi hijo. Luego, seguimos en orden retroactivo y llegamos a Villena. Al poeta. Al tuberculoso. Al hombre que según mi hijo era sincero… y etc… etc… más de lo mismo, mi hijo no sabe nada de nada, solo tiene una idea maniquea de lo que es un patriota y de lo que es Seguir leyendo

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¿Por qué iré a votar?

Mi casa es calma, como mi barrio. De vez en cuando desde algún sitio impredecible se escucha una trifulca, o un reguetón a veces insulta desde casa de Iván o de Gledys, pero no es lo normal. Solo cuando hay que votar, cuando hay que ir a hacer el paripé de atravesar el recinto donde está la sábana blanca, la urna y los pioneros con su mano alzada, yo no quisiera estar en mi casa, no quisiera estar en mi barrio.

Días previos comienza la cantaleta, porque ella, mi madre, me conoce bien. Ella, que durante el periodo especial, tras la muerte de mi padre, un catorce de febrero del noventa y cinco, se las vio negras para darnos de comer a mí y a mi hermana. Yo con siete años y mi hermana con cinco meses. Me recuerdo husmeando en las gavetas del aparador para ver si aparece una peseta que permita ir a buscar el pan Seguir leyendo

Café de homosexuales

Hay días en los que uno se cree capaz de matar al tiempo, por eso a esta hora de la mañana, apenas las ocho treinta, he decidido tomarme un café. Tengo suerte al dar con una mesa vacía. Es la mesa que nadie quiere, pues está en el centro yteconvierte en blanco, te expone a lasmiradas que se precipitan desde las siete mesas restantes.

La Fontana, anclado en el centro del bulevar avileño, es un sitio de visita obligatoria para los que pretenden conocer esta ciudad poco ducha en ofertas. Por ello entre los rostros aburridos de siempre uno puede encontrarse alguna cara nueva, sentir el recóndito goce de ser un extraño para alguien. Seguir leyendo

¿Por qué no emigro?

La mayoría de los amigos que tengo dentro de esta isla se devanan pensando cómo largarse hacia otras tierras, cómo cruzar los mares e instalarse —lo mismo les da— en Miami o en Kuala-Lumpur. Entre ellos me siento raro cuando el tema deriva hacia cartas de invitación, contratos de trabajo, o algún posible romance que pueda derivar en casamiento, visa y pasaje de avión. Algunos lo han logrado y ahora residen por Las Vegas, Montevideo o Riobamba. Otros solo han escalado hasta la capital y esperan ansiosos la posibilidad de darse el ansiado brinco.

Siempre he dicho “aquí pertenezco y aquí quiero que me entierren”. Lo decía sin haber pisado otras latitudes, y luego de estar en Lima, de desandarla durante una larga semana, se afianzaron en mí las palabras antes escritas. Cuando volví a Cuba escuché constantemente una pregunta: Seguir leyendo

El miedo

El tren estaba repleto. Yo rodaba con mi hijo hacia Ciego de Ávila, y como casi siempre ocurre cuando viajamos juntos, él iba entretenido en el paisaje y yo leyendo. Caía la tarde. Un señor pregonaba ciruelas mientras esquivaba a los viajeros para poder desplazarse por el vagón con su mercancía.

Luego de diez minutos de recorrido se armó un alboroto: un niño acababa de lanzar la semilla de una ciruela y esta había impactado en un joven que enfurecido se levantó buscando al culpable. Pensé que no sucedería nada, pues el muchacho, al ver que el golpe era resultado de una chiquillada, terminaría riendo, o haciendo caso omiso, o cuando más regañándolo. Estaba yo muy lejos de imaginar lo que se acercaba Seguir leyendo

Envidia de ser madre

Me había sentado unos minutos en uno de los bancos del bulevar. A mi lado conversaban dos mujeres. Una embarazada, la otra estaba siguiendo con sus ojos a una pequeñuela que no dejaba de corretear. Supuse acertadamente que era su hija. Hablaban de asuntos maternales. Agucé el oído. Pensé erróneamente que la ya madre le daba lecciones a la futura mamá, pero no, ya ella iba para su segundo vástago y tenía sobrados conocimientos del tema. Le contaba a la otra de su varón, según decía era tan inquieto como la niña que ahora se alejaba demasiado y hacía desesperar a todos.

La niña se acercó y siguieron la charla, yo escuchaba a ratos consciente, a ratos inconscientemente, el hecho es que la conversación no se me escapaba. En un instante la madre de la pequeña le hizo a la embarazada una pregunta clásica: Seguir leyendo

Ser padre

Lo supe en marzo de 2006. Sería padre. En siete meses tendría a mi lado a una criatura como resultado del amor, constructo de mi existencia y la de esa mujer fabulosa con la cual comenzaba a compartir mi vida. En mi cabeza no habitaba la más remota idea de lo que aquello podía significar, y mi mente, para hablar en plata, se disparó de preocupaciones y miedos. Terribles contradicciones se devanaban dentro de mí con la velocidad y la furia de un relámpago.

Sí, una tormenta; en eso debió convertirse mi masa encefálica cuando el doctor nos comunicó de las cinco semanas de embarazo. Seguir leyendo