Un libro para despistar a todo el mundo

El libro de Camila Rosa es un libro de azares. El rótulo en su cubierta, que lo anuncia merecedor del Premio Loynaz de 2014 en el género Narrativa, contiene una historia llena de sutilezas y matices no exentos de asombro e hilaridad.

Los humanos cada vez respiramos más a golpe de esquemas que, aparentemente, nos ayudan a degustar o consumir el arte y la literatura (se podría hablar de otras esferas que ahora no atañen), y creo que sentarse a leer un libro con una idea preestablecida de lo que se está leyendo, solamente nos aleja más del entendimiento personal, de la conclusión propia, del raciocinio que debe producirse al hacer interactuar nuestra cosmovisión del universo con un obra nueva. Deberíamos acercarnos a cada creación a tientas. Temerosos y a la vez llenos de ansia. Seguir leyendo

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Un antídoto para la enfermedad del alma

El mar es un monstruo en el que habitan monstruos: Kraken, Leviatán, Morgawr. Una ancha sustancia verdeazul que lo devora todo y que aún resulta desconocida a los ojos del humano.

Los poetas han encontrado en el mar un reflejo de su propia existencia, de su bullir encabritado. Desde Homero, que casi sacia el tema en su Odisea, hasta Coleridge con la inmortal Oda del anciano marinero, el mar ha formado parte indisoluble del imaginario poético. Ahí tenemos El barco ebrio de Rimbaud o El cementerio marino de Valéry, el “odio el mar” de José Martí o las enigmáticas aguas de Raúl Hernández Novás.

La enfermedad del bronce, libro que Ediciones La Luz recién pone a circular, comienza sus páginas advirtiendo que si te alejas del mar puedes salvar tus armas. Irela Casañas, su autora, dispone un conjunto de poemas, divididos en tres secciones, que descollan por el juego referencial y por el aire cosmopolita de sus temáticas. Seguir leyendo

La muerte es una borrachera interminable

Leer el libro de un amigo implica muchas veces que la lectura esté predispuesta hacia el pensamiento poético del amigo. Las conversaciones entre dos poetas —café en mano, o cerveza, así sea Presidente o Bavaria; a mi amigo siempre le ha gustado el ron, pero mi compañía lo ha hecho derivar a la birra, al laguer—, implican que a retazos, como quien mete la cuchareta en un caldo para ver que saca, vayan aflorando constantes alusiones a la tal llamada poesía, a la idea de lo que se tiene precocinado como poema, y de esas interconexiones en la nada que algún día también podrían ser tomados como tal.

Pues uno quiere leer el poemario del amigo, pero sabe que al abrir el libro será él quien esté presente; y ese es un escollo a saltear, porque uno se acomoda, o se incomoda, en el sillón, agarra ese cuaderno de color impreciso que publicó la Editorial Ávila en 2012, y lee en su cubierta “Áridas palabras, José Rolando Rivero”; y cuando ya está desandando sus páginas teme a que sea el Roli quien le hable al oído y le decodifique el poema. Seguir leyendo

Herbert Toranzo, o mi amigo El Esperpento

Mi primer contacto con los cuentos que integran Elogio de la escafandra (Ediciones Unión, 2014) de Herbert Toranzo Falcón (Ciego de Ávila, 1972) se debe a la lectura de “Eslabones”, por allá por el lejano 2008, cuando deglutí Los que cuentan. Una antología, libro publicado en 2007 por la Editorial Caja China del Centro Onelio Jorge Cardoso.

“Eslabones”, cuento que se mueve dentro de lo que podríamos llamar mundos oblicuos o paralelos, y que establece una atmósfera de incertidumbres y dualidades en la que se desplazan personajes extremadamente deleitables; es el primer cuento que encontrará el lector al emprender la lectura de este libro que posee otras seis historias, en las que priman una rara fusión entre fantasía y cotidianidad. Estos textos pueden circunscribirse fácilmente en la rutina diaria de nuestro país; el lector reconocerá en ellos lugares y expresiones muy particulares del cubano, o sea, que se identificará; pero por instantes las narraciones se sumergen tan en lo profundo de las interioridades de la mente y la maquinación humana, que logran escapar a cualquier marca clasificable. Seguir leyendo

Eliécer Almaguer, un poeta excitado por la muerte

Leer los poemas de un amigo es un ejercicio riesgoso; y te das cuenta de ello cuando comienzas a ojear y hojear las primeras páginas del libro. Entonces te recorre el miedo a que esos versos no te gusten, a que te parezcan fatales o ridículos; y ya ves aproximarse el momento de mentirle, de adularlo injustamente, o de decirle una verdad aplastante, porque, seamos sinceros, ningún poeta se toma a bien que alguien le diga, no que sus poemas son malos, sino que, sencillamente, no te gustan. Pero que agradable resulta tomar el libro del amigo (y me refiero a La flauta del solitario, del entrañable Eliécer Almaguer) y descubrir, no que sus poemas son buenos, sino que te parecen geniales.

Algo parecido me ocurrió al acercarme a este poemario que fuera publicado por Ediciones Holguín en 2013, y que lleva en su cubierta el rótulo del Premio Adelaida del Mármol (premio justísimo) conquistado en el año anterior. Libro que nos habla de la propia poesía y de las múltiples relaciones que el individuo puede conllevar con esta (y digo esta como si hablara de “una cualquiera”). Seguir leyendo

Juegos de infancia. La poesía de Osmel Almaguer y la deconstrucción del poeta

¿Qué es la infancia? ¿Cuánto puede acaparar en el devenir de los hombres? ¿Ese lapso en el que todo y nada se percibe puede ciertamente definirlos? ¿Es realmente un paraíso del que se está expatriado para siempre?

Estas preguntas me asaltaron cuando terminé la lectura de La Pendiente (Ediciones Ávila, 2014), de Osmel Almaguer (La Habana, 1979); poemario ganador de la XVII edición del Premio Poesía de Primavera, y que apenas comienza a circular por las librerías del país.

Resulta extremadamente difícil que un escritor no pose su mirada sobre ese intervalo medular que resulta ser la infancia. Y muchos de estos concuerdan con que de ahí parten todos los misterios que finalmente conllevan a dedicarse a la escritura. No obstante me despierta la atención que Osmel Almaguer debute en las letras con un libro donde la niñez es protagonista, donde es todo y es parte, unidad y partícula. Seguir leyendo

El aeronauta amarillo

Lectura ardua y detenida exigen al lector los poemas que Herbert Toranzo (Ciego de Ávila, 1972) nos ha dispuesto en su más reciente poemario El aeroplano amarillo (Ediciones Capiro, 2013). Si bien este cuaderno nos aparece presentado bajo el rótulo de décima, el lector constatará, apenas iniciada la lectura, las variadas experimentaciones métricas empleadas por Herbert en pos de un ritmo y una musicalidad muy distantes a los que se pueden apreciar en la décima común.

Son muy variados los referentes a los que remite este cuaderno: literarios: Apollinaire, Oscar Wilde, Allen Ginsberg; históricos: Napoleón, Confucio, Martin Luther King; musicales: The Who, Bob Dylan, Janis Joplin; lo cual provoca que la lectura resulte un diálogo de interacciones y coqueterías para unos, y un despliegue de sabidurías y aprendizajes para otros menos relacionados con dichos referentes. Seguir leyendo