S/T, una foto de Alba León Infante

El joven descansa recostado a una pared corroída, sucia. Entre su cuerpo y la pared, resguarda una bicicleta. Ensimismado, abstraído, en su tableta electrónica, con los auriculares puestos, es incapaz de levantar la vista y presenciar lo que para él dispone esa vidriera: dos pinturas: debajo un armadillo surrealista, al centro una mulata de grandes pendientes y paño en la cabeza, dibujada sobre la bandera cubana; y un cartel (encima): en el que los cinco exprisioneros del impero, los cinco espías, los cinco héroes, levantan sus manos con euforia, afianzando las palabras del cartel: “Firmes y victoriosos entre nosotros”.

Hay en esta imagen un discurso irónico sobre la nación que hemos construido (o destruido), sobre la Patria que hoy somos y la apatía que denotan muchos cubanos respecto a cuestiones políticas, cívicas, morales y éticas. La vestimenta descuidada del joven, el desparpajo Seguir leyendo

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Ser padre

Lo supe en marzo de 2006. Sería padre. En siete meses tendría a mi lado a una criatura como resultado del amor, constructo de mi existencia y la de esa mujer fabulosa con la cual comenzaba a compartir mi vida. En mi cabeza no habitaba la más remota idea de lo que aquello podía significar, y mi mente, para hablar en plata, se disparó de preocupaciones y miedos. Terribles contradicciones se devanaban dentro de mí con la velocidad y la furia de un relámpago.

Sí, una tormenta; en eso debió convertirse mi masa encefálica cuando el doctor nos comunicó de las cinco semanas de embarazo. Seguir leyendo

El impostor

El viejo Andrés era todo un personaje. El tío bisabuelo de mi hijo. Nonagenario ocurrente. Arrastraba un sinfín de historias, toda una vida dedicada al trabajo agrícola, y una salud de hierro; a los 90 años puso su primer pie en un hospital, y aún tardó nueve más en asistirle la muerte. Una noche, mientras undoctor daba una charla en el celebérrimo programa Pasaje a lo desconocido, su sobrino Miguelito le dijo: “¡mira Andrés, como sabe ese hombre!”, y su respuesta fue todo un suceso que luego acarrearía en la familia disímiles comentarios: “¡ah, ese sabe tanto porque lo leyó en los libros!”.

Enseguida su comentario provocó risas y mofas alegres. Todos se carcajeaban de lo que era un evidente disparate, pero luego me sentí ofuscado por la fácil manera con la que Andrés, arropado en su ignorancia, echaba por la borda toda la seriedad científica, no ya de aquel hombre, sino de toda la sabiduría humana.La fácil manera con la que le restó importancia al caudal de conocimientos del doctor y su vida dedicada al estudio minucioso, fue para mí algo más que una escena risible. Seguir leyendo

Lecturas decisivas

A los 14 años, mientras me preparaba para los exámenes que me darían entrada al Preuniversitario Vocacional Ignacio Agramonte de Ciego de Ávila, mi madre me dio a leer una novela policial para que descongestionara mi celebro de las tensiones de la trigonometría y otras zonas de la matemática—como esa de los problemas de tanques en los cuales se abren tantas llaves y hay tantos salideros, y debe determinarse en qué tiempo se llenan—, que realmente me inflamaban la cabeza y otros apéndices.

Leí el Sabueso de los Baskerville, de Arthur Conan Doyle, y la mordedura de ese perro fue muy fuerte. Desde ese día solo suelto un libro para tomar otro. A veces me sucede que el volumen aún no leído me desvela y me impide disfrutar a gusto del que actualmente estoy leyendo. Esos libros venideros que buscan imponerse.

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El concepto secuestrado

La palabra Revolución viene del latín, revolutio, que quiere decir dar una vuelta (yo lo entiendo mejor si le llamo palancazo, o golpe de timón), por lo cual, ante poderes anquilosados y retrógrados, ante la necesidad de reubicar el orden y la vida social de una nación empantanada, este vocablo ha representado a quienes pretenden establecer nuevas políticas, nombrándose revolucionarios.

Cuando estudié las derechas y las izquierdas en Teoría Sociopolítica se me hizo tremendo lío en la cabeza. Las derechas estaban representadas por esos gobiernos conservadores que promulgan el individualismo y la propiedad privada, en su mayoría caducos y faltos de herramientas y vías para satisfacer y enmendar los problemas de la sociedad. Las izquierdas, en cambio, por aquellas que se enfrentan a esos viejos órdenes con un arsenal de ideas frescas y espacios propiciadores de una mayor participación colectiva.

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Días tempestuosos de hoy

…tumbas son de las que un glorioso fantasma
puede salir de un salto a iluminar los días tempestuosos de hoy.
Percy Bysshe Shelley

Cuán vacía encuentro esta calma —ojo de huracán.
Mi cuarto se inundó de peces hedientos.
Los aparté como pude.
Aún sangrando ante la pérdida del valor.
La soledad se alquiló en mi garganta
y la agonía de bendecir lo ausente10 DÍAS TEMPESTUOSOS DE HOY (2).jpg
cayó sobre mis muslos.
Aliento injertado en mis pupilas fue suficiente
para vivir este hoy y agradecer.
Ah, agradecer.
Mi vientre impugna la verdad.
Mis manos no asen la razón,
sino este llanto de padres sonámbulos.
Ah, cuerpo sumiso y apedreado,
no recuerdes, cuerpo, no recuerdes.
Ah, final oscuro, suspiro estéril.
Este abismo me recibe complaciente.
Estas horas son eternas como el miedo
de caer sobre
las yerbas domadas de la ilusión.

Yo que busco en la noche

La noche es buena para decir adiós.
José Martí

Yo, que busco en la noche maltratada
la dañosa piedad de los finales,
le temo a los impulsos desleales
que perviven en mi alma desolada.08 YO QUE BUSCO EN LA NOCHE (2).jpg

Yo, que caigo en las trampas de la nada
como un ciervo en oscuros lodazales,
desconozco la fuerza de los males
que me avientan en la hosca madrugada.

Crepúsculos de sombras que hoy padezco,
enfermedad plomiza del pasado,
cansino yo, doliente a mi costado,

colmándome el futuro que adolezco;
yo que hoy amo lo mismo que aborrezco,
yo que busco en la noche, maltratado.