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El impostor

El viejo Andrés era todo un personaje. El tío bisabuelo de mi hijo. Nonagenario ocurrente. Arrastraba un sinfín de historias, toda una vida dedicada al trabajo agrícola, y una salud de hierro; a los 90 años puso su primer pie en un hospital, y aún tardó nueve más en asistirle la muerte. Una noche, mientras undoctor daba una charla en el celebérrimo programa Pasaje a lo desconocido, su sobrino Miguelito le dijo: “¡mira Andrés, como sabe ese hombre!”, y su respuesta fue todo un suceso que luego acarrearía en la familia disímiles comentarios: “¡ah, ese sabe tanto porque lo leyó en los libros!”.

Enseguida su comentario provocó risas y mofas alegres. Todos se carcajeaban de lo que era un evidente disparate, pero luego me sentí ofuscado por la fácil manera con la que Andrés, arropado en su ignorancia, echaba por la borda toda la seriedad científica, no ya de aquel hombre, sino de toda la sabiduría humana.La fácil manera con la que le restó importancia al caudal de conocimientos del doctor y su vida dedicada al estudio minucioso, fue para mí algo más que una escena risible. Seguir leyendo

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Lecturas decisivas

A los 14 años, mientras me preparaba para los exámenes que me darían entrada al Preuniversitario Vocacional Ignacio Agramonte de Ciego de Ávila, mi madre me dio a leer una novela policial para que descongestionara mi celebro de las tensiones de la trigonometría y otras zonas de la matemática—como esa de los problemas de tanques en los cuales se abren tantas llaves y hay tantos salideros, y debe determinarse en qué tiempo se llenan—, que realmente me inflamaban la cabeza y otros apéndices.

Leí el Sabueso de los Baskerville, de Arthur Conan Doyle, y la mordedura de ese perro fue muy fuerte. Desde ese día solo suelto un libro para tomar otro. A veces me sucede que el volumen aún no leído me desvela y me impide disfrutar a gusto del que actualmente estoy leyendo. Esos libros venideros que buscan imponerse.

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El concepto secuestrado

La palabra Revolución viene del latín, revolutio, que quiere decir dar una vuelta (yo lo entiendo mejor si le llamo palancazo, o golpe de timón), por lo cual, ante poderes anquilosados y retrógrados, ante la necesidad de reubicar el orden y la vida social de una nación empantanada, este vocablo ha representado a quienes pretenden establecer nuevas políticas, nombrándose revolucionarios.

Cuando estudié las derechas y las izquierdas en Teoría Sociopolítica se me hizo tremendo lío en la cabeza. Las derechas estaban representadas por esos gobiernos conservadores que promulgan el individualismo y la propiedad privada, en su mayoría caducos y faltos de herramientas y vías para satisfacer y enmendar los problemas de la sociedad. Las izquierdas, en cambio, por aquellas que se enfrentan a esos viejos órdenes con un arsenal de ideas frescas y espacios propiciadores de una mayor participación colectiva.

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Días tempestuosos de hoy

…tumbas son de las que un glorioso fantasma
puede salir de un salto a iluminar los días tempestuosos de hoy.
Percy Bysshe Shelley

Cuán vacía encuentro esta calma —ojo de huracán.
Mi cuarto se inundó de peces hedientos.
Los aparté como pude.
Aún sangrando ante la pérdida del valor.
La soledad se alquiló en mi garganta
y la agonía de bendecir lo ausente10 DÍAS TEMPESTUOSOS DE HOY (2).jpg
cayó sobre mis muslos.
Aliento injertado en mis pupilas fue suficiente
para vivir este hoy y agradecer.
Ah, agradecer.
Mi vientre impugna la verdad.
Mis manos no asen la razón,
sino este llanto de padres sonámbulos.
Ah, cuerpo sumiso y apedreado,
no recuerdes, cuerpo, no recuerdes.
Ah, final oscuro, suspiro estéril.
Este abismo me recibe complaciente.
Estas horas son eternas como el miedo
de caer sobre
las yerbas domadas de la ilusión.

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Yo que busco en la noche

La noche es buena para decir adiós.
José Martí

Yo, que busco en la noche maltratada
la dañosa piedad de los finales,
le temo a los impulsos desleales
que perviven en mi alma desolada.08 YO QUE BUSCO EN LA NOCHE (2).jpg

Yo, que caigo en las trampas de la nada
como un ciervo en oscuros lodazales,
desconozco la fuerza de los males
que me avientan en la hosca madrugada.

Crepúsculos de sombras que hoy padezco,
enfermedad plomiza del pasado,
cansino yo, doliente a mi costado,

colmándome el futuro que adolezco;
yo que hoy amo lo mismo que aborrezco,
yo que busco en la noche, maltratado.

MUTACIONES DE LA ESPERA

Mutaciones de la espera

1
Envilezco en la espera.
La rabia de los perros se aposenta en mí,
la rabia de los mundos.
Siento acaudalarse
el odio para los amados.
Busco la certeza,
lo que se esconde en mí
como un antojo de demonios.

2
Ahora los minutos se detienen en su juego con el tiempo,
y todo es como un caudal vacío en la memoria,
como sentarse en un banco de estación,
en una silla de muerte.
Esperar por los trenes,
por los muros de la vigilia.
Abordar la nada. Su vacío circular.06 MUTACIONES DE LA ESPERA (2).jpg

3
Detenerse a esperar es una trampa,
como lo es no detenerse.
Igual estamos acosados.
Descreemos,
la rabia nos redime,
nos degrada.

La espera pútrida. La espera indolente.
La espera de los brutos. De los ingenuos.
La dolorosa espera de los cuerpos.

Odio sobre ruedas

Odio sobre ruedas

Sin él no sé qué sería de mí. Casi puedo decir que mi vida depende de su presencia, de que no se retrase, sino de que llegue puntual a la cita, como un muchacho enamorado que espera ansioso por el motivo de su fortuna. Pero no, él se hace esperar la mayoría de las veces; mas no importa, ya lo dije, mi vida depende de él, no me queda otro remedio que esperarlo, aunque sin ansia, más bien con hastío y pesadumbre, porque lo odio, esa es la pura verdad.

Muchas veces en la mañana me sirve también de despertador; a las seis escucho su pitido cuando va hacia Júcaro. Ahí comienza mi día. El desayuno de mi hijo, y el mío, por supuesto, el aseo y el acicalado de ambos, y luego la salida entumecida: mi hijo para la escuela —queriendo desde ya regresar—, y yo hacia el trabajo con alguna que otra motivación indescriptible.

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