Irma, el pretexto de un fracaso

Finalmente las casas de mi barrio sobrevivieron a las lluvias y los vientos de Irma. Todo presagiaba lo contrario, pero esos hogares centenarios, que preví demolidos por la naturaleza, aún están en pie. Por ello respiré tranquilo la mañana en la que, alejado el huracán, decidí caminar las calles de mi escueto día a día. Más aliviado imaginé a sus habitantes, pues trato de colocarme en la piel de alguien que de súbito amanece sin techo y no logro calcular la hondura de la pena.

En un país en el cual el problema de la vivienda —entre tantos otros— es el que más duele y aqueja, es sardónico ver tantas casas derruidas. El gobierno promete asistir a los damnificados, pero ocurre que 50 casas devastadas no equivalen a 50 familias sin techo, sino a muchas más. En nuestros hogares es común hallar a tres o más generaciones viviendo o al menos intentándolo. Seguir leyendo

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Casas de mi barrio

Son las cinco de la tarde del 6 de septiembre de 2017 y yo he decidido caminar por el barrio. Según el último parte meteorológico el huracán Irma debe embestir sobre el territorio nacional dentro de las próximas 48 a 72 horas.

El tipo que dio el parte en la televisión nacional es nuevo, estaba nervioso —no es para menos—, pues suplir a Rubiera no ha de ser fácil; de hecho, se le extraña y nadie dijo por qué no está frente a las cámaras. Él transmitía seguridad. Oí a una mujer en la calle decirle a otra que se había jubilado. No sé de dónde sacó la información, bien podría ser una broma, muestra de lo que algunos nombran cubaneo.

Una fuerza autodestructiva de la naturaleza se aviene sobre nosotros y yo salgo a caminar cámara en mano. Seguir leyendo

Sobrevida

Ellos pagan la culpa que infundió
alma a su origen.
Paul Celan

Yo pago la culpa de no tener alma,
de haber nacido sin padres
en el siglo de la sobrevida.Sobrevida
La culpa de que otros usurpen

mi voz y mi llanto.

Me encierro en los miedos
por temor a lo sabido.

¡Es tan fácil parecer cobarde!

Cualquier sitio a donde me vuelvo
se torna agreste.

(Todas las trampas están hechas de sangre,
como los caminos y los gestos,
como los milagros y las madres sin parto).

Despierto todos los días a la nada abisal.
Recorro estas estancias donde muero.
Me pertrecho de olvido.
De alguna manera soy inmortal.

Todo el pasado

3e0ff666e064a9a77363a1f32f896e08 copiaTodo el pasado está a mi puerta
como un terco animal que no comprende.

Puñal anclado en la memoria.

Dolor del zafio golpe,
de la pálida ausencia.

Oh, pasado, palabras que no dije,
muchachas que no amé.

El pasado es mi falta de destino,
el miedo de los niños a morir,
ese viejo dolor que nunca llega.

El goce de releer

El ejercicio de leer me somete a diversas dicotomías. La primera va aparejada al hecho de ejercer la escritura. Me inquieta cuestionarme si debo dedicarle más tiempo a escribir o a leer. Si escribo pienso en lo que no leo, y viceversa.

A Borges le gustaba decir que muchos se alababan de las páginas que habían escrito, pero él se enaltecía de las que había leído. Mensaje captado, sin lectura no hay escritura posible; pero al final es necesario fragmentar el tiempo, pues si algo tengo claro es que una segunda vida no me será dada, y de serme dada no sé si la acepte. Seguir leyendo

Decir

Será mejor no decir nada
porque decir a veces me confunde,
¿qué hago mañana si no creo
las razonables cosas que hoy he dicho?

Self Portrait 1983 by Robert Mapplethorpe 1946-1989

Hay abrojos en el camino de la lengua.
Hay zarzales en las palabras de mi boca.

Todo es impuro, nada es acertado.
Qué limpidez en las voces tan muertas.

(Si quieres matar de qué vale fingir.
Si quieres morir de qué sirve engañar.)

Si la vida es todo cuanto tengo,
por qué estos puñales hirientes en mi boca.

Hay mil razones para callar.

La nada es una palabra inútil.

Envidia de ser madre

Me había sentado unos minutos en uno de los bancos del bulevar. A mi lado conversaban dos mujeres. Una embarazada, la otra estaba siguiendo con sus ojos a una pequeñuela que no dejaba de corretear. Supuse acertadamente que era su hija. Hablaban de asuntos maternales. Agucé el oído. Pensé erróneamente que la ya madre le daba lecciones a la futura mamá, pero no, ya ella iba para su segundo vástago y tenía sobrados conocimientos del tema. Le contaba a la otra de su varón, según decía era tan inquieto como la niña que ahora se alejaba demasiado y hacía desesperar a todos.

La niña se acercó y siguieron la charla, yo escuchaba a ratos consciente, a ratos inconscientemente, el hecho es que la conversación no se me escapaba. En un instante la madre de la pequeña le hizo a la embarazada una pregunta clásica: Seguir leyendo